Primate se suma al catálogo reciente de terror visceral con una propuesta directa, incómoda y diseñada para sacudir al espectador desde sus primeros minutos. La película no pierde tiempo en sutilezas: apuesta por la tensión constante, la violencia gráfica y una atmósfera opresiva que deja claro que estamos ante una experiencia pensada para estómagos resistentes, algo que sin duda llamará la atención de los fans del horror más crudo.
La historia se centra en un grupo de adolescentes y jóvenes adultos que, en medio de una fiesta aparentemente inofensiva, quedan atrapados con Ben, un chimpancé mascota que de forma inesperada ha contraído rabia. Lo que comienza como una celebración se transforma rápidamente en una pesadilla, obligándolos a luchar por sobrevivir mientras la situación se vuelve cada vez más violenta e impredecible. La cinta avanza como un relato de supervivencia claustrofóbico, manteniendo el suspenso sin revelar más de lo necesario.
En esencia, Primate se inscribe dentro del terror natural, un subgénero donde la amenaza proviene del mundo animal y la naturaleza misma. Esto inevitablemente remite a clásicos como Cujo (1983). Sin embargo, la película también arrastra varios males comunes del cine de terror: agujeros de trama, inconsistencias narrativas y el uso reiterado de deus ex machina que resuelven conflictos de forma conveniente más que lógica.
Las actuaciones cumplen con lo necesario para sostener la historia. El elenco, compuesto en su mayoría por caras nuevas para muchos espectadores, ofrece interpretaciones funcionales. La gran excepción es Troy Kotsur, recordado por CODA, quien aporta una presencia sólida y humana que eleva varias escenas clave.
En el apartado musical, el trabajo del compositor Adrian Johnston destaca positivamente. Su partitura genera tensión constante y, en más de un momento, recuerda al icónico estilo de John Carpenter en Halloween, reforzando el suspenso con sintetizadores inquietantes.
En conclusión, Primate es una película diseñada para poner a prueba el estómago del espectador. Sus escenas son fuertes, incómodas e inquietantes, por lo que no es apta para todos. Aun con sus fallas narrativas, cumple como una experiencia intensa de terror natural.
