Con la enorme responsabilidad de consolidar el nuevo universo cinematográfico de DC, Supergirl llega a los cines con una propuesta que prometía alejarse de las fórmulas tradicionales del género. Sin embargo, pese a contar con un sólido material de origen y un reparto comprometido, la película se queda muy lejos de convertirse en el gran impulso que Warner Bros. necesitaba para esta nueva etapa.
Basada en el aclamado cómic Supergirl: Woman of Tomorrow de Tom King y Bilquis Evely, la cinta sigue a Kara Zor-El mientras emprende un viaje por el espacio acompañada de Ruthye Marye Knoll en busca de justicia. La historia es protagonizada por Milly Alcock como Supergirl, junto a Eve Ridley, Matthias Schoenaerts y Jason Momoa, quien debuta como Lobo en una de las participaciones más esperadas del filme.
Aunque adapta una de las historias más reconocidas de Supergirl por su ingenio y frescura, la película falla en convertirse en el blockbuster que Warner Bros. esperaba. Todos los elementos parecen estar en su lugar y, además, la producción luce competente. No obstante, el mayor problema es que nunca logra emocionar. La dirección de Craig Gillespie evidencia que el cine de superhéroes no es su mayor fortaleza, pues el relato avanza sin generar el impacto que su premisa promete.
En el apartado actoral, Milly Alcock entrega una interpretación convincente y demuestra que tiene el carisma necesario para sostener al personaje en futuras entregas. Asimismo, Jason Momoa aporta energía cada vez que aparece en pantalla. Su versión de Lobo resulta divertida, imponente y termina robándose varios de los mejores momentos de la película, incluso cuando su tiempo en pantalla es limitado.
La música, compuesta por Claudia Sarne, representa uno de los aspectos más débiles de la producción. Su elección resulta difícil de justificar considerando la importancia del proyecto. Como consecuencia, el soundtrack pasa completamente desapercibido y carece de temas memorables o de needle drops efectivos. Esto contrasta con trabajos anteriores de Craig Gillespie, como I, Tonya o Cruella, donde la selección musical era una parte esencial de la identidad de cada película.
Por donde se le quiera ver, Supergirl termina siendo la definición de una película mediocre. Nunca alcanza el potencial de la obra en la que se inspira y tampoco consigue establecer un nuevo estándar para el renovado universo de DC. Más que un nuevo comienzo emocionante, se siente como una enorme pifia en el intento de construir una franquicia sólida que vuelva a conquistar al público.

